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La salud de un niño es una de las preocupaciones fundamentales de todo padre. Dentro de esto se encuentra el cuidado y la educación que se le brinde al pequeño en materia de higiene bucal.

Para ello es importante que la educación comience en casa y sean los padres los que asuman esta responsabilidad, siguiendo una dinámica o estilo de “aprender a enseñar”.

Desde la gestación, la alimentación de la madre será de suma importancia para la salud del niño. Una dieta rica en vitaminas y minerales proporcionará al infante de la carga biológica necesaria para formarse de manera adecuada y contar con una primera dentadura fuerte y duradera.

Luego del alumbramiento, la lactancia materna resulta indispensable para el correcto crecimiento de las estructuras bucales ya que estimula la actividad de los músculos de la cara, favoreciendo con esto la buena formación y el crecimiento de los huesos que sostienen los dientes.

El cuidado e higiene de los dientes temporales (o de leche) es vital ya que estos, aunque se mudarán, servirán de guía manteniendo el espacio para los dientes permanentes. Para ello se deben cepillar los dientes del niño por lo menos dos veces al día, sobre todo antes de dormir, utilizando un cepillo pequeño y suave con muy poca pasta de dientes.

El cepillo del niño debe cambiarse cada 3 a 6 meses para garantizar su efectividad. El cepillado que debe ser realizado por un adulto mientras el niño va formándose el hábito debe además culminar con el niño escupiendo los restos de pasta dental, pero sin enjuagarse, permitiendo así que el flúor de la pasta ayude a prevenir caries.

Lo más importante es que los padres y los hijos entiendan el momento del cepillado dental como una manifestación de cariño, educación y cuidado, además de una oportunidad ideal para fomentar el encuentro de amor entre padres e hijos.